No me quedan fuerzas estos días con la sombra acechante de esta pandemia.
Sin colegios, con teletrabajo o sin él. Con gel desinfectante hasta las orejas y limpieza extrema.
Mercados vacíos de productos básicos y todo el miedo posible ante el qué pasará.
Que nos coja preparados como el que va a la trinchera. No vaya a ser que tengamos que decir ¡A las armas!
