Nuestra vida está llena de momentos, de instantes repletos de recuerdos, de personas que nos acompañan a cada paso, familiares y amigos…
Gracias a esos minutos colmados de risas y encuentros, de abrazos y besos,nos vamos completando de pedacitos de sueños.
Nos hacemos de esa taza de café compartida, de esa charla entre amigas y de ese beso enviado con prisas.
Trocitos que nos rehacen mientras otros nos diluyen.
También tropezamos con angustias y miedos, con dificultades e incertidumbres. Y éstas también nos hacen ser lo que somos.
Es la duda y el desconcierto, el que nos transforma. Es esa pared inquebrantable la que nos convierte en luchadores. En valientes anónimos y en héroes desconocidos.
Están en la esquina de la calle por la que pasas a diario, en la tienda del barrio, en la cama de al lado…
Tenemos héroes que pasan desapercibidos en nuestra senda. Y sin embargo están ahí, en su batalla, esforzando una sonrisa y mirando al suelo.Para descubrirse ante ti con timidez y gran fortaleza, soltando… ¡Moriré matando!
